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Programa piloto de intermediación comunitaria

A cualquier persona que viva en un piso le resultará familiar la problemática que a menudo se genera en las comunidades de vecinos. Desacuerdos a la hora de tomar decisiones, uso inadecuado de las zonas comunes, ruidos, etc. pueden llegar a desencadenar múltiples conflictos. El malestar que estos conflictos pueden suscitar en la convivencia diaria de las personas que residen en un inmueble puede llegar a ser muy importante.

Para una empresa como VIPASA, que gestiona el parque público de viviendas de Principado de Asturias, formado por 9587 viviendas, la intervención en este tipo de conflictos forma parte de la labor que desarrolla para una adecuada gestión de las viviendas. Hay que tener presente que VIPASA participa en alrededor de 1.200 comunidades, de las cuales aproximadamente la mitad corresponden a comunidades en las que el 100% de vecinos son inquilinos del parque, es decir, tienen un contrato de arrendamiento.

Para hacer frente a este tipo de situaciones que surgen en algunas de las comunidades de inquilinos, la Dirección General de Vivienda y VIPASA se plantearon la necesidad de diseñar un programa de intervención específico, que pudiese testarse en una comunidad, y exportarse al resto en caso de resultados exitosos. Este ha sido el origen del primer Programa de Intervención Sociocomunitaria, un programa dirigido a mejorar la convivencia en comunidades donde los conflictos entre inquilinos son frecuentes, y que hasta el momento está cosechando excelentes resultados.

¿Cuáles son las claves del éxito de esta iniciativa?

A nuestro juicio, estas claves tienen que ver principalmente con tres aspectos: la selección de la comunidad, la generación de un marco de confianza e implicación con los vecinos, y la propia dinámica de intervención. Comentaremos brevemente cada uno de ellos.

En primer lugar, la selección de la comunidad en la que se va a intervenir. En este caso, la selección para desarrollar el programa piloto se centró en una comunidad de Pola de Siero,  integrada por 65 viviendas, en las que residen en torno a 300 inquilinos de VIPASA. Los principales puntos de conflicto se centraban en temas de limpieza, ocupación de trasteros y ruido en los patios. LA propia distribución del edificio, con un patio interior poco visible desde el exterior, usado para acumular enseres y objetos inservibles, constituía un continuo foco de conflicto. A esto se sumaban múltiples destrozos en zonas comunes, así como el malestar surgido a raíz de un incendio provocado por la manipulación de un cuadro comunitario de la luz, lo que obligó a realojar a todos los inquilinos de un portal durante unos días, a comienzos de 2017.

En segundo lugar, el marco de confianza con los vecinos, lo que se consigue gracias a dos motivos; por un lado, la contratación de una entidad especializada en programas de inclusión social y laboral, en este caso Emaús. Esta entidad, externa a VIPASA, a través de la figura del mediador, contribuye a transmitir una imagen de neutralidad e imparcialidad ante los vecinos, indispensable para generar ese marco de confianza necesario para que trasladen los motivos de conflicto, y poder abordarlos. Por otro lado, la propia metodología  y dinámica de intervención resulta crucial. En este sentido, se habilitó una vivienda vacía en la propia comunidad como espacio para llevar a cabo las labores de mediación. La metodología empleada se basa en intervenciones con familias, mediación en los conflictos, reuniones comunitarias en el portal, con fines de sensibilización y formación, y la organización de talleres para la adquisición de habilidades sociales y técnicas.

Algunos resultados.

A día de hoy, gracias al programa de intermediación, se ha incrementado la implicación de los vecinos en un mejor cuidado y mantenimiento de los espacios comunes. Esta implicación ha tenido su principal reflejo en la recogida y limpieza del patio interior por parte de un conjunto de inquilinos. Un mayor diálogo entre todos ellos para el tratamiento de los conflictos, el establecimiento de acuerdos para abordar actividades en las zonas comunes (limpieza de trasteros, etc), y una mejora sustancial en la dinámica comunitaria, reflejada en la asistencia y participación en las reuniones de comunidad, son algunos de los principales logros que el programa está cosechando. Logros que ya han llamado la atención de otras comunidades en otros municipios, que solicitan la implantación de este programa en el futuro.

Por último, la percepción de los propios inquilinos, con afirmaciones como “Mejoró mucho la cosa desde que está él (el mediador)” o “No es alguien de fuera que viene a decirnos cómo  hacer las cosas. Es alguien que entiende y apoya”(hablando del mediador), sirven para constatar lo oportuno de esta iniciativa.

Conclusiones.

En múltiples ocasiones he insistido en que la gestión de viviendas del parque público es el medio que tiene VIPASA para ofrecer un servicio a las personas, un servicio que debe contribuir a mejorar su confort y su bienestar. Por este motivo, además de una buena gestión de los inmuebles,  VIPASA trata también de responder a otro tipo de problemas, en este caso de carácter convivencial en una comunidad, con el fin de aportar soluciones que mejoren el bienestar de las persona que residen en sus inmuebles. Esta iniciativa, puesta en marcha por la Dirección General de Vivienda y de cuyo seguimiento se encarga VIPASA, es un buen ejemplo de esta preocupación constante. Preocupación por mejorar, innovar, y en definitiva, ofrecer un mejor servicio a los inquilinos, así como convertirse en un instrumento para la ejecución de la política de vivienda cada vez más eficaz de la administración.

María Montes Miguel

Gerente de VIPASA

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